Unidades de bebida estándar — en España la UBE son 10 gramos, no 12
La unidad de bebida estándar española equivale a 10 gramos de alcohol puro. Parece un detalle técnico y no lo es: la misma unidad vale 8 gramos en Reino Unido, 14 en Estados Unidos y 20 en Japón. Comparar recomendaciones de países distintos sin convertir produce errores de más del doble, y ocurre con frecuencia.
No existe un nivel de consumo de alcohol sin riesgo. Es la posición que sostienen actualmente los organismos de salud pública: cualquier cantidad conlleva algún riesgo, que aumenta con la cantidad. Lo que se maneja son umbrales de menor riesgo, no de riesgo cero. Durante el embarazo la recomendación es de abstención completa.
La bebida
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Cómo se calcula
La cuenta parte del volumen y la graduación, y necesita un tercer dato que se olvida a menudo: la densidad del etanol, que es de 0,789 gramos por mililitro.
Gramos de alcohol = volumen en ml × graduación ÷ 100 × 0,789.
Una caña de 200 ml al 5 % contiene 10 ml de etanol, que pesan unos 7,9 gramos. Un tercio de 330 ml al mismo grado, unos 13 gramos. Una copa de vino de 100 ml al 13 %, unos 10,3 gramos.
Detalle práctico: las raciones reales rara vez coinciden con las teóricas. Una copa de vino servida con generosidad puede acercarse a 200 ml, que son dos unidades y no una. La cuenta mental habitual suele quedarse corta.
La unidad no vale lo mismo en cada país
| País | Gramos por unidad |
|---|---|
| España | 10 g |
| Reino Unido | 8 g |
| Italia y Francia | Alrededor de 10–12 g |
| Estados Unidos | 14 g |
| Japón | 20 g |
La consecuencia es directa: leer que un límite son «catorce unidades semanales» significa cosas muy distintas según de dónde venga la cifra. En unidades británicas son 112 gramos; en españolas, 140; en estadounidenses, 196.
Por eso conviene trabajar siempre en gramos de alcohol cuando se comparan fuentes, y usar las unidades solo dentro de un mismo sistema.
Sobre los límites de bajo riesgo
El planteamiento ha cambiado en los últimos años. Durante décadas se manejaron límites presentados como consumo «moderado» o «seguro», y también la idea de que un consumo bajo podía tener efectos protectores cardiovasculares.
Esa segunda idea ha sido cuestionada de forma seria: los estudios que la sostenían presentaban problemas metodológicos, entre ellos incluir como abstemios a personas que habían dejado de beber por motivos de salud. Los análisis que corrigen ese sesgo no encuentran el efecto protector.
La posición actual de los organismos de salud pública es que no existe un nivel de consumo sin riesgo, y los umbrales que se publican se denominan de bajo riesgo, no de riesgo cero. Suelen expresarse en gramos semanales, con días sin consumo, y con cifras diferenciadas por sexo por razones de metabolización y composición corporal.
Comprobación pendiente en la próxima revisión: cifras vigentes de los límites de consumo de bajo riesgo publicados por el Ministerio de Sanidad y su formulación actual.
Situaciones de abstención
Hay contextos en los que la recomendación no es reducir sino no consumir:
- Embarazo y búsqueda de embarazo. No se ha establecido ninguna cantidad segura y los efectos sobre el desarrollo son bien conocidos.
- Lactancia, con recomendaciones específicas sobre tiempos si hay consumo puntual.
- Menores de edad.
- Conducción y manejo de maquinaria.
- Determinados medicamentos, con interacciones que conviene consultar en la farmacia o en la ficha técnica.
- Enfermedad hepática y otras condiciones concretas.
Lo que esta página no hace
- No recomienda ninguna cantidad de consumo. Convierte a unidades y gramos, y ahí se detiene.
- No presenta el consumo bajo como protector. Esa idea ha sido cuestionada metodológicamente.
- No calcula alcoholemia ni tiempos hasta poder conducir, que dependen de demasiadas variables individuales.
- No valora un consumo problemático. Existen cuestionarios validados y se administran en consulta.
- No aborda la dependencia ni su tratamiento.
Si tu relación con el alcohol te preocupa o te preocupa la de alguien cercano, tu médico de familia es un buen primer paso y puede orientarte hacia los recursos de tu comunidad.
Preguntas frecuentes
¿Una caña y una copa de vino son lo mismo?
Se aproximan bastante, y esa es la lógica de la unidad de bebida estándar. Una caña de 200 mililitros al 5 % contiene alrededor de ocho gramos de alcohol y una copa de vino de 100 mililitros al 13 % ronda los diez. La equivalencia funciona con las medidas teóricas; el problema aparece con las reales, porque una copa servida con generosidad puede duplicar esa cifra sin que se perciba como más de una consumición.
¿Por qué los límites son distintos para hombres y mujeres?
Por diferencias en cómo se distribuye y metaboliza el alcohol. Con el mismo peso, la proporción de agua corporal suele ser menor en mujeres, de modo que la misma cantidad de alcohol alcanza concentraciones más altas en sangre. A eso se añaden diferencias descritas en la actividad de las enzimas que lo metabolizan. Son promedios poblacionales, así que hay solapamiento individual amplio entre unos y otros.
La cerveza sin alcohol, ¿cuenta?
Depende de lo que ponga la etiqueta, y ahí hay más matices de lo que parece. En España conviven denominaciones distintas: las que se etiquetan como «sin alcohol» pueden contener hasta una cantidad muy pequeña, y las llamadas «0,0» se acercan a cero. Para un consumo ocasional esas cantidades son irrelevantes en términos de gramos. En situaciones de abstención por embarazo o por tratamiento, conviene mirar la etiqueta en lugar de fiarse de la categoría.
Leí que catorce unidades semanales son seguras, ¿es correcto?
Esa cifra procede casi con seguridad de una recomendación británica, donde la unidad son ocho gramos y no diez. Catorce unidades británicas son 112 gramos semanales; catorce unidades españolas serían 140. Es exactamente el tipo de error que produce comparar sin convertir. Y hay un segundo matiz: esos umbrales se denominan de bajo riesgo, no de riesgo cero, porque la posición actual es que no existe una cantidad sin riesgo.
¿Es verdad que una copa de vino al día es buena para el corazón?
Es una idea muy extendida que la evidencia más reciente no sostiene. Los estudios que la respaldaban tenían un problema metodológico importante: incluían entre los abstemios a personas que habían dejado de beber precisamente por problemas de salud, lo que hacía parecer más sano al grupo que bebía poco. Los análisis que corrigen ese sesgo no encuentran el efecto protector, y los organismos de salud pública han abandonado ese mensaje.
Para leer junto a esta página
El aporte energético del alcohol se calcula aparte, y sigue una lógica distinta a la del resto de la dieta.
Fuente y método
- Definición española
- 1 UBE = 10 gramos de alcohol puro
- Cálculo
- Gramos de alcohol = volumen (ml) × graduación ÷ 100 × 0,789, siendo 0,789 g/ml la densidad del etanol
- Equivalencias internacionales
- Reino Unido 8 g · Estados Unidos 14 g · Japón 20 g por unidad
- Umbrales
- Los organismos de salud pública sostienen que no existe un nivel de consumo sin riesgo; los valores publicados se denominan de bajo riesgo
- Efecto cardioprotector
- Cuestionado por sesgo de clasificación de abstemios en los estudios que lo sostenían
- Límites
- No calcula alcoholemia ni tiempos de conducción; no valora consumo problemático ni dependencia
- Publicado
- 30 de agosto de 2026
- Última revisión
- 30 de agosto de 2026
- Próxima revisión
- febrero de 2027
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